Fermentación maloláctica:
Una vez finalizada la fermentación alcohólica el vino es ácido, herbáceo y muy áspero debido al ácido málico. Durante la fermentación maloláctica este ácido se transformará en láctico, dándole suavidad al vino. Este proceso dura entre 7 y 10 días. Una vez finalizado este proceso, el enólogo procede a realizar las analíticas de salubridad y acidez que determinan la calidad del vino y si este será apto para el envejecimiento.
Trasiego, clarificación y filtrado:
una vez acabadas las fermentaciones el vino se somete a diversos trasiegos y tratamientos de clarificación y estabilización para conservar la nitidez del producto embotellado.
Crianza:
el vino se traslada a barricas de roble de unos 220- 225 litros de capacidad para que envejezca durante meses o años, en este proceso de envejecimiento se pierde aspereza y se gana suavidad. Cuando el vino ha llegado a la madurez y evolución deseada se pasará al embotellado del mismo.